Las necesidades van a venir marcadas por los requisitos de la empresa; evolución, inquietudes, necesidades de nuevos contenidos y habilidades de los nuevos puestos, que cada vez son mas cambiantes.
En esta fase pondremos en marcha la formación. El éxito de la misma viene
precedido de una buena elaboración del diagnostico y planificación, encontrar al formador idóneo que encaje en conocimientos, expertice y consiga transmitir los valores de la compañía.
Mediante la planificación elaboramos un plan donde tendremos que marcar los objetivos a conseguir así como detallar las actividades formativas, personas que van a participar o recursos que necesitaremos y del punto del que partimos.
Todo plan ha de ser evaluado para medir su eficacia. Debemos medir si se han cumplido los objetivos y si esta formación ha sido rentable para la empresa. La evaluación del plan anterior ayudará, sin duda, a mejorar el siguiente. De esta forma podremos depurar y adecuar la formación a lo que necesitamos y a lo que más rentabilidad aporte a la empresa porque, recuerda, todo plan de formación es un medio, no un fin en sí mismo.